Por qué se parentifica y se acaba ocupando el rol de cuidador o mediador

mirada sistémica parentificación

En algunas familias no hay un abandono por parte de los padres, pero hay casos en que el padre, la madre o ambos, no pueden hacerse cargo de sus propias necesidades emocionales o instrumentales, o no pueden ocupar de una manera estable el rol de cuidador de sus hijos. 

Esto no quiere decir que no quieran a sus hijos o que no estén presentes físicamente. Pueden estar en casa con ellos, llevarlos al colegio, prepararles la comida, llevarles al médico, vestirlos, etc; pero no están o no pueden estar disponibles como una figura de regulación emocional, protección, referencia y dirección de una manera estable y continuada.

Cuando esto sucede, el sistema familiar necesita reorganizarse para ocupar las funciones de cuidador que el adulto no está pudiendo asumir. Puede suceder, entonces, que se produzca lo que llamamos un "desorden sistémico" o una inversión de roles en la que uno de los hijos (y a veces varios) comienzan a asumir las funciones de adulto que sus propios progenitores han dejado vacías: regular emocionalmente a sus padres a través de su comportamiento, estar pendientes de sus necesidades, tomar decisiones que corresponderían a adultos, hacerse cargo de ellos mismos o de sus hermanos a edades tempranas. No estoy hablando de algo puntual, sino de algo que sucede de manera continuada y sostenida en el tiempo.

Si esto ocurre a una edad temprana, el niño deja de tener de forma permanente una figura que lo protege, lo cuida, lo guía, le proporciona dirección y límites y le ofrece una regulación emocional que cuando es pequeño no puede construir por él mismo. Es frecuente, entonces, que el niño empiece a mirar "hacia arriba", hacia cómo están sus mayores: observa el estado emocional de sus padres, se anticipa a sus necesidades o se convierte en el que soluciona, cuida, media, etc. En definitiva, se orienta hacia las necesidades de ellos volviéndose imprescindible para que los adultos o la familia funcionen. Se produce entonces lo que llamamos una parentificación en la que el hijo pasa a cuidar a sus propios padres y/o a sus hermanos.

No es una cuestión de "tareas", sino de unas responsabilidades asumidas por una criatura que, en su corta edad, no ha podido desarrollar los recursos suficientes como para poder asumirlas sin que ello pase factura a su propio desarrollo como persona.

Qué se "desorganiza" en el sistema familiar

Desde la mirada sistémica, en un sistema familiar es importante que haya una diferenciación entre generaciones. No me refiero tanto a una cuestión de jerarquía y mando como al hecho de que exista una dirección protectora en la que los adultos se hagan responsables de ellos mismos (y sus necesidades), y al mismo tiempo también se hagan responsables del cuidado de los niños cuando son menores. Y, de nuevo, insisto en que no es una cuestión de logística, sino de disponibilidad emocional, protección, dirección, límites y referencia.

Cuando el adulto no puede ocupar el rol de cuidador, suelen alterarse una serie de planos:

  • El plano de la regulación emocional: cuando el adulto no puede calmar, contener o regular sus emociones, el niño se vuelve hipervigilante del estado emocional del adulto, minimiza sus necesidades y hace lo que sea para intentar tranquilizar al adulto.
  • El plano de los límites generacionales: cuando el adulto comparte con el niño problemas de pareja, temas económicos, de saludo o de sexualidad; es frecuente que el niño empiece a ocupar un rol de confidente, mediador, aliado o "pareja emocional" del progenitor.
  • El plano organizacional: cuando al adulto le faltan recursos o disponibilidad para la vida cotidiana –por ejemplo, un padre o madre que trabajan mucho y están poco por casa– es frecuente que el niño empiece a desempeñar tareas de adulto tales como estar pendiente de sus hermanos (si los tiene), organizar la compra, gestionar tareas, tomar decisiones, etc.
  • El plano de la pertenencia y el vínculo: el hijo que parentifica y cuida, media, soluciona o sostiene al adulto. Es frecuente que altere la manera en que siente la pertenencia. Organiza el vínculo alrededor de la función que desempeña: "si no cuido/medio/soluciono ¿seguiré siendo querida, aceptada o tenida en cuenta?". Siente que su valor y la posibilidad de ser amado está asociada a la función que desempeña.

La parentificación, en realidad, no aparece por una cuestión de lealtad, carga invisible o identificación con algún ancestro; tampoco aparece porque el niño quiera dejar de ser niño o tenga una habilidad o un "don" para cuidar. La parentificación aparece porque el sistema familiar lo requiere para poder seguir funcionando. Necesita que alguien asuma funciones que los adultos no están pudiendo sostener, y el niño toma ese lugar porque necesita preservar el vínculo y adaptarse a lo que hay alrededor. 

Se trata, entonces, de una estrategia relacional a un contexto en el que "cuidar" se convierte en la forma más segura de pertenecer, de evitar el conflicto, de sentirse a salvo, de ser querido o de no añadir aún más carga a unos padres que, ya de por sí, están desbordados por su propia historia y circunstancias. 

Imagen de Angelo Scarcella en Pixabay

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